De dónde sale cada cifra de Perpetua, y qué no hacemos.
Esta página existe para que puedas contrastar cualquier número que te enseñamos. Cada apartado dice de dónde sale el dato, con qué frecuencia se lee y qué supuestos lleva dentro. Donde un término tiene definición propia, se enlaza al glosario en lugar de repetirla.
Leemos las APIs públicas de los 8 perp DEXs que seguimos. No usamos intermediarios ni agregadores: cada cifra viene del venue que la publica.
Cada venue declara explícitamente tres cosas que nunca suponemos: cada cuántas horas liquida su funding, si su open interest está en unidades del activo o en dólares, y de dónde sale su precio de referencia. Suponer cualquiera de las tres produce comparaciones falsas entre venues.
Las frecuencias, que puedes ver en cada vista como la antigüedad del dato: el funding y las rutas se recalculan cada minuto, la profundidad del libro cada cinco, los promedios cada diez. Si un venue no responde, lo decimos: no reciclamos su último valor como si fuera actual.
Un venue liquida funding cada hora, otro cada ocho. Comparar sus tasas en bruto es comparar cosas distintas, así que antes de nada las llevamos todas a la misma base: la tasa por periodo de ocho horas.
La conversión es una regla de tres sobre el intervalo que el venue declara. A partir de ahí, el anualizado son tres periodos al día por 365 días. La base siempre va escrita en la interfaz, porque un número de funding sin su base no significa nada.
El funding de este instante puede ser un pico que dure una hora. El sostenido es el promedio de las últimas 24 horas, y es el que usamos para ordenar la tabla y para proyectar.
No es una preferencia estética. Un APR anualizado a partir de un instante afirma que ese instante va a repetirse mil noventa y cinco veces; el sostenido al menos tiene detrás un día de mercado. Cuando el instantáneo supera al doble del sostenido, la fila lo dice con la etiqueta «Pico».
Y cuando no hay al menos ocho horas de histórico en las dos patas, la ruta no se proyecta: su APR neto queda vacío y no puede encabezar la tabla. Preferimos una celda vacía a un número sin fundamento. Se llena solo conforme acumulamos histórico.
Una ruta delta neutral son cuatro ejecuciones: abrir las dos patas y cerrarlas. Cada una paga la comisión del venue y el deslizamiento de cruzar su libro.
Las comisiones salen de la tabla de fees de cada venue; cuando no hemos podido confirmar una contra su documentación oficial, usamos la más cara y marcamos la ruta como «fee sin verificar».
El deslizamiento depende del tamaño, y por eso lo medimos con una escalera: cuánto cuesta mover mil, diez mil y cien mil dólares en ese libro. Para un tamaño intermedio interpolamos entre esos escalones en escala logarítmica, porque el impacto crece con la raíz del tamaño y no en línea recta. Por encima de cien mil no tenemos medición, y lo decimos en vez de extrapolar en silencio.
Todo valor que ya descuenta estos costos lleva la etiqueta «neto»; si no la lleva, es bruto.
La capacidad es el tamaño al que tu propio impacto se vuelve comparable al fee que ya pagas por entrar. Por debajo, el precio lo pone el mercado; por encima, lo pones tú.
El umbral es el mayor de dos cosas: la horquilla entera del libro, o un piso de cinco puntos base. En los libros anchos manda la horquilla, y un libro ancho da una capacidad baja. En los ajustados manda el piso, porque una horquilla de un tick sería un umbral minúsculo: con ella sola, el libro más hondo del mercado se declaraba agotado con una orden diminuta. El cinco no es un número elegido a ojo — es donde tu impacto se vuelve comparable al fee taker que ya pagas, que en los venues que seguimos ronda los cuatro puntos base, y queda en el percentil 75 de las horquillas que medimos: para el cuarto más ancho sigue mandando la horquilla.
Una ruta son dos patas, así que manda la más delgada: de nada sirve que un lado absorba ochenta mil si el otro mueve el precio a los tres mil. Y cada pata se mide por el lado que de verdad se cruza — comprando en el venue largo, vendiendo en el corto.
Solo la calculamos con precios reales: el libro de órdenes, o las cotizaciones que el venue publica. Cuál de los dos va escrito siempre al lado de la cifra, porque no valen lo mismo. Donde no hay ni una cosa ni la otra decimos «sin medir», y no la estimamos con el open interest: medido contra libros reales, esa aproximación se pasa hasta treinta y seis veces.
Y hay un caso en que la cifra no es el cruce sino una COTA: cuando la escalera que pudimos medir nunca llega al umbral. Ahí lo único demostrado es que cabe al menos eso, así que lo escribimos así —«más de 22 k US$»— y no lo llamamos medido. Con el piso la cota es el caso frecuente, no la excepción. Pasa con un libro tan hondo que a cien mil dólares el deslizamiento sigue siendo pequeño, y pasa casi siempre con Pacifica, que publica diez niveles de su libro y nada más: en sus mercados, el fondo que vemos suele ser el borde de nuestra ventana y no el del libro. Al ordenar por capacidad la cota cuenta por su valor, que es lo único que está demostrado.
Las cotas no se cuentan juntas, ni aquí ni en ninguna pantalla. «Más de cien mil» dice que cabe de sobra y «más de mil» apenas dice nada: sumarlas convierte una mejora en lo contrario.
Junto a cada gráfica de funding o carry dibujamos su canal: la banda en la que ese funding ha estado el ochenta por ciento de los últimos siete días, con su mediana punteada al centro.
Sirve para distinguir de un vistazo algo persistente de un pico. El centro es la mediana y no el promedio porque un solo pico arrastra la media, que es justo lo que el canal existe para separar.
El veredicto de debajo describe, no predice: que un funding esté por encima de su canal no dice hacia dónde va, solo que hoy está fuera de donde ha estado.
Con menos de tres días de histórico no dibujamos canal y decimos por qué. Estrechar una banda con cuatro puntos para que parezca que hay canal sería inventarse el dato.
Los tres puntos junto a cada activo miden cuánto de ese número está medido y cuánto supuesto. No dicen si la ruta es buena: una ruta pésima puede tener confianza alta, y una excelente, baja.
Miramos dos ejes. El temporal pregunta si hay historia detrás del número: cobertura suficiente, sin pico, sin dato viejo. El estructural pregunta si el costo está medido o modelado: fees confirmados, deslizamiento de libro real.
Tres puntos significan que los dos ejes están limpios. Dos, que falta una cosa del eje estructural. Uno, que falla algo del eje temporal, o más de una del estructural.
El eje temporal pesa más a propósito: un fee sin confirmar desplaza el número, pero una cobertura insuficiente lo deja sin fundamento. No son el mismo tipo de duda.
Perpetua analiza y calcula. No ejecuta operaciones, no custodia fondos, no se conecta con tus llaves y no recomienda entradas.
El «punto óptimo» de cada ruta es un cálculo, no una sugerencia: es el tamaño más grande que esa ruta absorbe sin que el deslizamiento se coma el neto, con el apalancamiento más alto que aguanta el movimiento adverso que tú elijas. Si no existe con tus supuestos, lo decimos en vez de ofrecerte el menos malo.
Las alertas describen condiciones —«el carry de esta ruta bajó de tal umbral»— y nunca acciones.
Y toda proyección lleva sus supuestos escritos al lado. Una cifra en dólares sin el tamaño, el costo y el horizonte que la producen no es información: es una promesa.
¿Prefieres empezar por lo básico?